Mala invención o buena verdad

La reseña de hoy, es sobre una obra romántica y erótica, del escritor, periodista, biógrafo y ensayista español Francisco Umbral.
La bestia rosa (1981), es un diario íntimo, considerado por el autor como el único género en que la literatura florece pura, es la literatura sin el melodrama mismo de la novela/novela. La bestia rosa narra la historia de frenesí carnal entre Paco (quien es el mismo Umbral) y Rimbaud, pero no aquel joven poeta, enamorado y filibustero tormento de Verlaine.
Rimbaud, es una niña que habita en el diario íntimo de Umbral, es una niña “efeboandrógina, efeboacrática, efeboanarco”, (términos acuñados por él mismo) que será fuente de felicidad, pasión, deseo, admiración y en menor medida, tristeza, a lo largo del diario.
Esta asimétrica pareja, que parece estar encarrilada en realidades discrepantes, se desprenden de sus prejuicios y toda clase de opuesto, en el momento de juntar sus cuerpos y anudarse en un solo ser. Esta quintaesencia es lo que el autor llama: La bestia rosa.
Francisco Umbral zambulle al lector por medio de cada página de su diario en una revelación erótica de la pasión que siente por aquellla joven/niña estudiante de letras de la universidad Complutense de Madrid, el escritor y poeta le dedica sus más reales y mejores rimas sin temor a expresar un lenguaje sexual que por la misma mojigatería del lenguaje podría ser rechazado. ¡Umbral expresa el deseo que lo invade de una manera espléndida!
La ama, sí, pero cabe preguntarse, ¿ella existe?, pues el autor la define de una manera tan divina, tan endiosada, tal vez, que por momentos surge la cuestión, ¿será real Rimbaud?, en ocasiones hasta el mismo Paco duda de la existencia de ella y de la credibilidad que de hecho, el lector pueda dar de ésta. El lector dudará a lo largo de las páginas del mismo modo que el protagonista.
Aunque la intérprete principal de la obra es Rimbaud, al inicio de ésta, Paco hace una narración de sus amoríos, de sus primeros acercamientos sexuales desde los 10 años, todo lo que hay en su biografía son mujeres y cada vez se tornan más jóvenes, éstos encuentros se convertirán pues, en el puente que lo unirá con Rimbaud. Esa joven/niña que le pidió que se quedara la vida con ella.
Los habituales y desaforados instantes de esta pareja de amantes, se llevan a cabo en “la buhardilla de la niña”, como él llama al pequeño piso habitado por ella y, además, de un tiranosaurio que permanece en el regazo de Rimbaud, unos huéspedes reconocidos y afamados que habitan en el armario: Nijinsky, Virginia Woolf, Gabriel Miró, Alicia, su creador Lewis Carroll, Dylan Thomas, Buster Keaton y Pasolini. Quienes pasan el día tomando el té, jugando a las cartas o amándose entre sí.
Paco ama a Rimbaud, y ama su actitud de querer acumular dolor sobre dolor, es por ello que Umbral va a similar su relación con la de algunos autores que fijaron su amor en la historia de la poesía y esto, en últimas, es lo que logra en su diario. Rimbaud/Verlaine, Baudelaire/Juana Duval, Wilde/Novelas.
La bestia rosa, es una breve, mágica y hermosa narración que deja atrás un léxico romántico más parecido al de la Lolita de Nabokov, para unirlo con lo netamente sexual, teniendo como resultado algo igualmente bello y agradable de leer para sí, para otros, en voz baja o en voz alta.
Y así, tras ir espiando y absorbiendo página a página la cotidianidad de dos amantes, lo íntimo y sagrado de sus encuentros, se llega al final de la obra, pero sin la certeza de saber aún, ¿qué pasó con Rimbaud?. Y aumenta más el enigma al llegar a la posible conclusión de que ella: o no existió o murió.
Pues Umbral hace entender que la niña un día, se esfumó, desapareció, ¿se suicidó?, tal vez, a causa de barbitúricos o una sobredosis de cocaína, esa que tanto le gustaba inhalar en el café de jazz que frecuentaba con Paco, ese establecimiento que contaba con la presencia de dos agradables espectadores y compañeros de corrillo: Foucault y Magritte.
Rimbaud... Su niña adorada se fue una mañana con los pájaros, él ya sabía que se marcharía pues desde hacía días, estaba desapareciendo, su cuerpo se volvía menos perceptible. Umbral, una mañana perdió a su niña “efeboandrógina, efeboacrática y efeboanarca”, ya lo sabía pues advertía que la única forma de tenerla del todo era renunciando a tenerla totalmente. Perdió a su divinidad, fruto de tanta pasión y hermosa profanidad, pero ganó un recuerdo leve, pequeño. Y la posibilidad de que en este diario íntimo que es La bestia rosa, viva para siempre la niña inmarchitable que se marchó sin darnos la oportunidad de saber si fue mala invención o buena verdad.
Quiero dar por finalizada la reseña con un bello fragmento de la obra, para que de esta manera, conozcan lo espléndido de su lenguaje y lo enigmático de Rimbaud:

La pluralidad: eres plural, discontinua, simultánea. En otro día de este Diario te he dicho que eres la imperfección perfecta. La que llora, la que besa, la que fuma, la que vuela, la que jode, la que ríe, la que pasa, la que queda, la que escribe, la que duerme, la que dibuja con lapiceros Alpino, la que me odia, la que me ama, la que me odia desde el amor, la que me ama desde el odio, la que violo, la que me viola, la que tengo, la que no tengo. Supongo que llamo Rimbaud a la pluralidad. Supongo que todos somos nuestra pluralidad.


RECOMENDACIONES:
Lolita (1955), del escritor ruso Vladimir Nabokov.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Trece escalones

El lenguaje secreto

Segunda doncella