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El buen palomo

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Cuenta la historia que su pariente más cercano fue el mochuelo de Atenea, de quien heredó la sabiduría y lealtad. Sobresale de sus simultáneos marginados, por su altura, peso y plumaje. "El buen palomo", apelativo atribuido por quienes lo conocen, carga con más de una veintena de años, es misterioso, solitario y algunos dicen que impotente... Una vez se enamoró, pero un acontecimiento digno de una tragedia griega le arrebató a su nívea compañera: una rata la devoró... desde entonces habita aisladamente en la buhardilla de un techo familiar gorjeándole infatigablemente a su digna soledad. 

El miedo blanco

 Todos estaban enfermos en el pueblo, era una gripa, pero no era común, algunos decían (en voz baja) que Pedro había muerto a causa de ella, yo no sé si era cierto, el caso es que no volví a ver a Pedro.  Tenía miedo, pero no se comparaba al miedo que sentía cuando llegaban los hombres mensuales, así les decíamos dizque porque venían una vez al mes a cobrar plata o llevarse a los muchachos, yo no sé por qué, pero a veces no se demoraban el mes porque los veíamos llegar a cada rato.  El miedo a la gripa, era un miedo blanco, así le llamaba yo, en cambio el otro, era un miedo rojo o verde... dijo una vez mi madre, porque dizque algunos eran soldados. Bueno, en todo caso, si me preguntan cuál prefiero, les digo que el miedo blanco, porque ese miedo rojo con verde nos quemó el pueblito y estas son las horas en que no encuentro a mi madre. 

La Plaga

 A quienes se quejan por el Covid déjenme contarles algo: Llevo una década conviviendo con La Plaga. La legitimé de tal manera que no quiero que desaparezca. Me rendí, me acostumbré, caí a su merced, ¡su presencia me enardece! Y hoy celebro complacida a La Plaga de mi vida. 

Pepe el hechicero

P or: Laura camila Ni es Pepe el presidente. Tampoco Pepe el bandolero. Ni el cantante, ni el deportista, mucho menos el extranjero. Él es Pepe el hechicero... Con ojos verdes cautivantes. Y pelo níveo que seduce. De cola negra hipnotizante. Y maullidos paralizantes. Su ronroneo somnoliento, te crea un encantamiento.  Sus colmillos te despiertan. Y cuando vuelves a la realidad, se repite el embrujo y no lo quieres evitar.

El Hidalgo

Por: Laura Camila Imagino al Hidalgo cabalgando a Rocinante. Imagino su osadía luchando contra gigantez. Imagino la batalla entablada con semejantes y la dulce y triste figura al ver a su amor distante. Imagino al caballero con su leal escudero. Imagino las noches frías, las mañanas claras y las tardes calurosas de los dos compañeros. Imagino y me repito algo que no quiero olvidar y es que ¡el Hidalgo de su cordura jamás puso a dudar!

Peludos

Por: Laura Camila De mi casa no saldría si no fuera por ti.  En mi mundo me perdería y no volvería a surgir.  Los ladridos y maullidos son elixir de vivir, y además  el jugueteo que atesoro cual souvenir.  Dicen que un año humano son siete tuyos, rechazo  esa idea con decisión y cuento uno por uno, ¡así es mejor!  Es injusto que tú vida sea más corta de lo ideal, por  eso trato de amarte cada día más y más.

Madre

Por: Laura Camila  Tu mirada está perdida anhelando un no sé qué, tal vez las travesuras y las risas del ayer. Carcajadas en el aire golpean el anochecer, junto a esos ojos brillantes que identifican tu ser. Eres alegría y nostalgia, fantasía y realidad. Eres la mujer que en mi vida, no podría faltar.