El lenguaje secreto


«La memoria es redundante:
repite los signos para que la ciudad
empiece a existir»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles.

Esta reseña comprende una corta pero sustanciosa obra que recopila diferentes visiones del graffiti. A través de fragmentos, poemas, canciones y dibujos de aquellos que lo profesan. La escritura tosca: Una antología romántica (2015). La obra salió a la luz en la ciudad de Bogotá, de ella apenas se imprimieron 500 copias con el fin de ser regaladas y compartidas gratuitamente a personas estimadas.
Y es que leyendo las posturas impresas en el papel, ese es uno de los fines del graffiti, el sentimiento de intercambio por el respeto, la cooperación y la unión de colectividades sin fines de lucro. Por medio de las palabras expresadas por los protagonistas de la obra, se logra comprender que el graffiti no es tan solo una representación vaga de signos inentendibles para el habitante de la urbe, pues, al contrario, el graffiti como todo signo, se encuentra representando y comunicando algo en específico.   
La escritura tosca, logra que el lector, que es el mismo Flâneur (De Baudelaire y Benjamin), aquel explorador urbano, en lugar de juzgar a priori, infiera en que lo plasmado en el concreto es un sistema de comunicación, que como tal enuncia algo. El graffiti en su representación es la manifestación de ideas, es la transformación individual que llega a la sociedad por medio del gusto o disgusto.
Expresarse en el concreto de la ciudad es identidad, es una postura política que transgrede el deber ser, es la representación de la historia de vida del Flâneur nocturno, aquel que se regocija en la oscuridad para expresar aquello que lo identifica, y que el día cohíbe por las miradas escrutadoras de la sociedad en movimiento.
Seres que se arrastran en la noche, sin producir mayor sonido que el de sus corazones palpitantes de emoción y temor, pulsaciones que se ven interrumpidas por el sonido del aerosol y las palabras de sus compañeros, aquellos centinelas que los acompañan y cuidan en dicha proeza.
El Flâneur nocturno busca que sus  creaciones se mantengan por un lapso de tiempo en el concreto, aunque es consciente que en ocasiones solo perdurará unas horas, pues los colores no son para siempre. Lo vivifica el hecho de que por medio de lo enunciado sus ideas perduren en sí mismo y su transformación individual pueda ser reconocida y entendida paulatinamente por la sociedad.
“A través de sus duraderos edificios y estructuras institucionales y de sus aún más duraderas formas simbólicas de la literatura y el arte, la ciudad une el tiempo pasado con el presente y el futuro” Lewis Mumford.
Si el graffiti es identidad, también es recuerdo, es una creación que se relaciona inmediatamente con su creador, el Flâneur nocturno se objetiva en su  invención; en esa firma que glorifica su identidad o en esa bomba que detona la pared.
Empiezo a concluir con un aspecto en el que convergen y se acentúan los testimonios de los protagonistas de la obra: el valor por el trabajo en equipo, la colaboración, la amistad y el amor. Es algo que deberíamos dejar que se esparza por nuestras mentalidades, así como se esparce día a día el graffiti en la ciudad, permitiendo ser hoy en día una manifestación global. “(…) Todas estas bellezas el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades” Italo Calvino.
Cada habitante de la urbe tiene sus propias formas de accionar en ella y el graffiti, nos guste o no, coincidamos o disintamos, siempre va a estar y cada vez en mayor medida, pues producir en la ciudad es crear, es sacar a la luz algo que no existía antes. El lenguaje secreto es ese algo y aunque difícil de descifrar, -pues es la esencia de lo escondido- es libertad.


RECOMENDACIONES:
Style Wars (1983), documental dirigido por Henry Chalfant y Tony Silver.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Trece escalones

Segunda doncella