La buhardilla
“Alguien
debió de haber calumniado a Josef K., puesto que, sin haber hecho nada malo,
fueron a arrestarlo una mañana.” Con esta distinguida y
profunda frase inmortalizada en la obra póstuma e inacabada: El proceso, del escritor y abogado Franz
Kafka, inicio mi presente escrito, que dicho sea de paso, comprende la obra
mencionada.
El proceso, es una
distopía tan fascinante como densa. Es una pieza que realiza una comprensión y
critica trascendente a la sociedad moderna. Aquella sociedad que enaltece lo
que se encuentra sobre el papel, llegando al punto de considerarlo viviente;
aquella que se olvida de los individuos que debe representar y proteger; esa
sociedad que por medio de sus
funcionarios, además de condenar a los inocentes condena a quienes ignoran la
ley; una sociedad donde lo único relevante es lograr entablar relaciones con
empleados superiores que puedan ejercer una influencia transmitida; esa donde
la gente vive de afán y con el lineamiento de querer resolver todo en un solo
día; una sociedad donde las relaciones entre personas se basan en encuentros
vagos, momentáneos, fundamentados en algún interés; esa que se despliega en
buhardillas (en un sitio sin importancia, en el último lugar de la morada, en
la zona donde se amontona lo que estorba).
En esta obra se hace
indiscutible que por medio de las actitudes anteriores los individuos entre más
poder tienen, más carecen del verdadero sentido de las relaciones humanas. Pero
el poder no solo centrado en un rango superior, también aquel que se fundamenta
en saber algo confidencial, es decir, el poder que se adquiere en el
conocimiento de un secreto.
Esta sociedad distópica
es tan sublimemente narrada, que en cada una de sus líneas se puede sentir la
pesadez e intranquilidad que produce la sensación de lo indeseado de sus
locaciones. Principalmente aquellas que están habitadas por las oficinas del
tribunal en algún rincón inesperado. Este hecho muestra que en dicha sociedad
moderna, todos pertenecen o tienen algo que ver con el tribunal, es una
sociedad donde todo se sabe y todos son observados. Y acá me pregunto lo
siguiente: -porque cuando lo escribo y releo no siento diferencia alguna con la
cotidianidad de nuestra realidad - ¿Acaso
se diferencia de nuestra sociedad?, ¿Vivimos en una distopía igual o peor a la
del Proceso?
Josef K., aquel hombre
acusado de algo que nunca se supo, quien al inicio de la obra defendió
autoritariamente su inocencia con un carácter destacado y soberbio. Al final de
la misma se empieza a desdibujar y es maravilloso la manera en que el cansancio
de K. se percibe. El autor logra este hecho a la perfección; llevando a que se
lea y sienta al protagonista mucho más humano a diferencia de aquellos
funcionarios criticados.
Para finalizar les digo
tristemente que K., llevó a cuestas su cruz (proceso) por un año y lo digo en
pasado porque fue ejecutado, siendo él mismo quien guiara el lugar de su muerte
y en ese momento efímero mientras se le escapaba la vida – cuando uno de los
verdugos lo sujetaba de la garganta y el otro le atravesó el corazón con un
cuchillo-. ¡Por fin Josef K. se libró de su misterioso Proceso!
RECOMENDACIONES:
The Trial (1962),
director: Orson Welles.
The Trial (1992),
director: David Hugh Jones.
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