La Comunidad Terapéutica
¿Son
los hospitales psiquiátricos centros para reformar personas?, ¿Quién decide
cuáles son las personas aptas para estar internadas allí? o, mejor dicho ¿quiénes son los que deciden que personas no son aptas para continuar habitando
en sociedad?
Con
estas preguntas inicio el siguiente escrito que relata el maravilloso
libro: Atrapado sin salida, del
escritor estadounidense Ken Kesey. Esta obra se preguntará a lo largo de la trama algo fundamental y es: ¿Puede la medicina declarar loco a un hombre y
encerrarlo en un manicomio de por vida?
Atrapado
sin salida, se va a referir a dos instantes significativos que han impactado a
toda sociedad desde épocas atrás e incluso lo sigue haciendo. El primer
instante; la represión de las instituciones “racionales” hacia los
comportamientos “irracionales”, lo cual genera la discriminación y el
ocultamiento de lo que no lleva ciertos parámetros establecidos por la sociedad,
es decir, lo que no tiene cabida en el mundo. En el caso de esta novela el
falso propósito de reformar a los pacientes conlleva a traspasar esa delgada línea
hacia la tortura. Este primer aspecto lo analiza esplendorosamente Michael Foucault
en su obra La historia de la locura en la época clásica (1961).
El
segundo instante es precisamente la rotura de lo anterior por una persona que
desafía al sistema exigido. -El último representado en la novela como “La gran Enfermera”- y el oponente o desafiante (McMurphy) podrá tener algunas consecuencias alentadoras y motivadoras, llevándolo
a que sus actos se sigan construyendo paulatinamente; pero (lastimosamente) en
la mayoría de los casos las consecuencias son terribles para aquel que se enfrenta al sistema. McMurphy fue esta
persona, él desafió a La gran Enfermera, enfrentó su política y sus prácticas
antimorales de corregir a los internos por medio de terapia de electrochoque y lobotomía cerebral.
McMurphy,
un líder esencialmente carismático que llegó a este centro psiquiátrico por
libre elección; un ser que no tenía ni un ápice de loco decidió destruir la
lenta y lúgubre convivencia de los allí internos, los desenterró de sus
ensimismamientos y los llevó a conocer lugares y experiencias jamás imaginadas.
Situaciones que van desde tener un primer encuentro sexual, una embriaguez,
pescar en el mar, hasta lograr hacer hablar a un “sordomudo”. En suma, McMurphy
llegó no solo para cambiar la vida de estos internos, sino también para
cambiar o (terminar) con la suya.
Este
personaje que se gana inmediatamente la simpatía del lector, es un mecías para
sus compañeros de psiquiátrico, pero un anticristo para el sistema –La Gran
Enfermera-. Al desafiarlo fue paciente de una de las prácticas que ésta
profesaba. McMurphy, fue víctima de una lobotomía cerebral; y es aquí donde
desaparece aquel personaje alegre, jocoso y amable que se apreciaba
inicialmente.
La
única salida, para esta nueva condición
vegetal de McMurphy, al contrario del título de la novela, es una: ¡la muerte!. Por eso su más fiel amigo, aquel “sordomudo” a quien hizo hablar, decidió
terminar con el vestigio de la alborozada vida que alguna vez fue. “Cogí la almohada y bajo la luz de la luna pude
ver que la expresión no había variado un ápice, que seguía conservando aquella
mirada vacía, perdida, incluso después de asfixiado”.
RECOMENDACIONES:
Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), director: Miloš Forman.
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