Buenas noches, muerte

Esta reseña es sobre una novela romántica e histórica, de la escritora chilena Isabel Allende. El amante japonés (2015). La novela se desarrolla en la ciudad de San Francisco en el año 2010, específicamente en la residencia para ancianos Lark House, esta se encuentra dividida en cuatro niveles. En el primer nivel se hallan los ancianos Independientes, quienes haciendo alusión a su nombre, viven en unos apartamentos en los cuales es posible tener privacidad y continuar haciendo sus cosas sin ayuda alguna. El segundo y tercer nivel, es para aquellos huéspedes que necesitan asistencia continua para facilitar sus vidas, estos niveles son llamados comúnmente por ellos como: “La antesala al paraíso” y el cuarto nivel conocido como “El paraíso”, es donde los huéspedes aguardan su tránsito al cielo...
Esta pieza toca temas sustanciales y trascendentales como: la vejez, la eutanasia, la muerte, la guerra, la homosexualidad, las clases sociales. A través de relatos increíbles narrados por la protagonista de la historia, Alma Belasco, una mujer de 80 años que a pesar de estar habitando en una residencia para ancianos -en el nivel uno-, conserva un porte aristocrático. Y es que Alma, esa mujer elegante y solitaria, mantiene los más dulces y amargos recuerdos de su niñez, juventud y, ahora en la vejez decide compartirlos...
Otro personaje de esta historia es Irina Bazili, quien se convierte en la dama de compañía de Alma y en la confidente de su vida, Irina junto al nieto de Alma, Seth Belasco, se convertirán en los fieles confidentes de la vida de proezas de aquella mujer a quien se le esfuman las fuerzas cada día. Irina quien también guarda unos oscuros secretos, deseaba ser como Alma y vivir en una realidad manejable, donde los problemas tienen causa, efecto y solución, una realidad en la que no existan seres terroríficos agazapados en los sueños, ni enemigos lujuriosos espiando en cada esquina...
Los acontecimientos de Alma Mendel -quien de hecho se apellidaba de esta manera- inician cuando se despide de sus padres y su hermano Samuel en Varsovia y es enviada a la edad de 7 años a vivir con sus tíos en San Francisco, mientras que su hermano marchará con el ejercito francés y sus padres se quedarán en Polonia, creyendo que todo el dinero e influencias que tenían los iba a librar de los nazis. Pues no, de nada les sirvió su capital económico y social, fueron hacinados en un gueto de tres kilómetros cuadrados y medio, llamado Treblinka y, su hermano, su adorada compañía cayó con su avión en Francia. Alma, devastada, pensaba que su fatalidad era perder a las personas que más quería, y esto no era del todo desacertado...
La autora nos sumerge en dos realidades; la primera en la que Alma Belasco se encuentra contando su vida a Irina y Seth, despertando el interés de un pasado mitológico de episodios y anécdotas improbables; la segunda en que Alma Mendel, la niña que está superando la perdida de su familia, trata de ver a las extrañas y amables personas -que dicen ser sus parientes- con cariño y apego, quien trata de confiar en ellos, a pesar de la clave del éxito que le dio su padre: “No quejarse nunca, no pedir nada, esforzarse por ser los primeros en todo y no confiar en nadie”. Pero su vida se hizo más fácil cuando dejó esta formula simplificada a un lado y se aferró a Nathaniel Belasco, su primo...
Mientras tanto en el hogar para ancianos Lark House, Seth cada vez se sentía más enamorado de Irina, pero esta, no era del todo una joven simple en búsqueda constante de un empleo de medio tiempo, Irina, igual que Alma, tenía un pasado, pero este estaba rebosado de abusos, desconfianza y temor...
Irina Bazili, quien de hecho no se llamaba así, su nombre real era Elisabeta, oriunda de Moldavia donde vivió con sus abuelos Petruta y Costea a quienes adoraba.
Su madre la abandonó buscando un futuro mejor, pero por medio de engaños el único futuro que se forjó fue ser prostituta en un burdel de Aksaray, Estambul. Tiempo después ella narrará a Irina sus peripecias y la llevará consigo y con su esposo a vivir a Canadá, donde empezará el calvario para la entonces Elisabeta...
La vida de Alma se fue acoplando a su nuevo entorno gracias a su primo y a otro personaje imprescindible en la historia, quien marcará su vida desde entonces. Ichimei Fukuda, el hijo del jardinero Takao Fukuda, quien en 1912 decidió emigrar a América por razones metafísicas. Takao tenía otros tres hijos, pero Ichimei era el menor, el preferido y a quien le inculcó el trabajo físico, el amor a las plantas, a su lengua y a las artes marciales. Los Fukuda trabajaban dichosos en la casa de Los Belasco, sus manos eran maravillosas, tenían el poder de hacer crecer plantas en cualquier lugar, de allí a que el jardín de Los Belasco fuera considerado por sus conocidos como un ecléctico Jardín del Edén. Ichimei, cuyo nombre significa (vida, luz, brillo o estrella) y a quien Alma y Nathaniel apodaban Dedos verdes, era un chico pensativo, humilde y servicial, algo que no cambiaría al pasar del tiempo puesto que la edad por sí sola no hace a nadie mejor ni más sabio, sólo acentúa lo que cada uno ha sido siempre. Para los Fukuda y Alma la alegría no duró mucho, puesto que en Estados Unidos empezó a gestarse una campaña de difamación en contra de los japoneses y debían internarse voluntariamente en campos de reubicación o serían arrestados por espionaje y traición en tiempo de guerra. Takao y su familia fueron conducidos en buses de la vergüenza hacia el campo de reubicación Topaz, ubicado en una zona desértica de Utah. Shikata ga nai, (qué le vamos a hacer, lema japonés en la adversidad) se escuchaba pronunciar a Takao.
Cuando Ichimei se despidió de Alma, ninguno de los dos entendía qué estaba pasando, pues apenas eran unos niños. Ahora Alma estaba más segura de su fatalidad; de perder a aquellas personas que amaba...
Los Fukuda estuvieron tres años en el campo de reubicación Topaz, en 1945 Japón se rindió y empezaron a cerrar los campos. Pero Takao no volvería a ser el mismo. Para un japonés isei (inmigrantes japoneses de primera generación) los años de humillación en los que su lealtad y patriotismo fueron puestos en duda, era una desgracia, sin honor la vida valía muy poco. Takao murió tiempo después debido a un cáncer de pulmón.
Su jefe, el patriarca Isaac Belasco que era un hombre inmune a la corrupción y la vanidad, se hizo cargo de la familia de Takao y les regaló la estancia para que construyeran un vivero. Y Alma quien durante aquellos tres años se comunicó por medio de cartas con Ichimei, se enamoró cada año más de él...
Resulta que cuando Elisabeta llegó a Canadá se dio cuenta que su madre era alcohólica, y el esposo de esta no dudo en plantearle las reglas de su nuevo hogar... “Los juegos privados con su padrastro”, consistían en dejarse hacer de él todo lo que quisiera, la drogaba, embriagaba, golpeaba, violaba y aquello lo grababa y divulgaba por internet. Elisabeta, lo hacía porque aquel hombre le juraba que le enviaría dinero a sus abuelos. Pero antes que el dinero llegara a manos de sus ya fallecidos abuelos, arribaron los agentes del FBI. Su padrasto y madre fueron capturados y ella internada en un hospital psiquiátrico. Elisabeta desde ese entonces, sentiría repugnancia al ser tocada por un hombre...
Mientras Alma narra su vida a Irina y Seth, estos observan que cada semana recibe un ramo de gardenias y una carta, también se ausenta por algunos días sin avisar, ni dejar razón de su paradero, se va con sus mejores galas y con una sonrisa impar, la misma que ostenta al llegar...
Alma e Ichimei se enamoraron, empezaron una serie de encuentros furtivos que iban a posponerse por lapsos hasta de catorce años, pero los años en el momento de reencontrase no pesarían en sus cuerpos, no se sentirían con extrañeza. Esos cuerpos habían sido hechos el uno para el otro, Ichimei con su pasividad hasta para el amor y Alma con su alboroto y su necesidad insaciable de saberse amada; se complementaban...
Alma esperaba un hijo de Ichimei y decidió ocultarlo, también a él, por temor. Para ese entonces Alma era de aquellas personas que procuraba mantener una buena apariencia ante los demás, y en su entorno las apariencias importaban más que la verdad. Las leyes contra la unión entre razas diferentes a pesar de que ya se habían abolido en casi todos los estados, habría resultado escandalosa. Los prejuicios en los años 50´s habrían acabado por destruirlos y matar el amor...
Pues bien, en esta parte de la historia entra a jugar un papel relevante el primo de Alma, Nathaniel Belasco. Alma quiere abortar, pero por razones de insalubridad, su primo no la deja y le da la opción de que se casen y digan que el hijo es de él. Lo hicieron, sus parientes (a pesar de que eran primos)  estuvieron felices, puesto que quién más que Alma para ser la elegida por su ilustre heredero. Ichimei se enteró y sufrió...
A los seis meses de embarazo Alma padeció de eclampsia y perdió a su bebé. La única persona que logró ver al pequeño, que portaba rasgos asiáticos fue Nathaniel, y sollozó, pero más que por el cuerpo inerte que tenía en sus manos, lo hizo por él. Porque con aquella decisión  de casarse con su prima y mejor amiga, se estaba destruyendo la vida...
Ichimei también contrajo matrimonio, lo hizo con una joven asiática y tuvieron dos hijos. Se encontró con Alma tiempo después en el funeral del patriarca Isaac Belasco. Alma y Nathaniel se acostaron un par de veces, siempre fue bajo efectos del alcohol, pero el estar con Nathaniel no se comparaba ni por un segundo con los derroches de pasión que generaba en ella el hacer el amor con Ichimei, con Nathaniel era melancólico al punto de los dos querer llorar. Pero Nathaniel no decía nada, había heredado de su padre la pasividad, humildad y amabilidad. El fruto de estos apesadumbrados encuentros, fue Larry Belasco, quien sería durante tres cortos años, la adoración de su abuelo Isaac...
Alma e Ichimei, se encontraron años después de la muerte de Isaac, se despojaron de sus vestiduras y recordaron lo hermoso de su misterio, lo valioso de la relación que tenían y el hecho de dejarla subrepticia para la posteridad. Una relación clandestina debe ser defendida es frágil y preciosa, decía Alma... 
Exceptuando a Nathaniel quien sabía de ella y al contrario, lo alegraba dentro de lo posible, pues había enfermado y lo que en un principio se pensó un simple resfriado, terminó siendo sida, una enfermedad estigmatizada en ese entonces. Él morirá según su familia de cáncer...
Nathaniel en medio de su dolor, le confesó a Alma su homosexualidad, le habló de cuándo nació en él ese sentimiento hacia los hombres, sus primeros encuentros y por último su amante, su amor, Lenny Beal, a quien amaba profundamente y desde que había decaído no lo había vuelto a ver y sufría...
Alma localizó a Lenny y entre los dos cuidaron de él, Lenny lo velaba con la intimidad del sufrimiento y la absoluta incertidumbre de la esperanza. Por último Alma y Lenny decidieron terminar con el sufrimiento de Nathaniel y le inyectaron una sobredosis de morfina, obteniendo de él un lúcido y sincero: ¡gracias!
Lenny y Alma se encontrarían en el año 2010, en Lark House, los dos siendo un par de ancianos recordando a Nathaniel e Ichimei, el primero a quien él amó desgarradora y pasionalmente y a quien ella amó de manera incestuosa. Evocaba Alma que a los ocho años se había enamorado de Ichimei con la intensidad de los amores de la infancia y de Nathaniel con el amor sereno de la vejez. Ahora Alma se encuentra en su hogar para ancianos, dispuesta a partir a su cita clandestina, aquellas que nunca ha dejado. Puesto que después de tantos años Ichimei y ella siguen siendo amantes; ¡él lo más precioso y secreto de su existencia!
Mientras Alma se dirigía al motel testigo de sus pasiones, tuvo un trágico accidente, con heridas irreparables sólo quedaba esperar la muerte, su familia se despidió, Irina fiel confidente hasta el final, la acompañó y cada vez estaba más segura de que no es fácil vivir, pero tampoco lo es morir...
A la madrugada Irina despertó y vio a Ichimei; innegablemente era él. El mismo hombre de la foto en el marco de plata sobre la cabecera de la cama de Alma, era él, no se le notaban los años, era él. Irina los dejó solos, cuando regresó no había nadie. De Alma ya no quedaba esta; su alma. La muerte llegó con Ichimei quien había fallecido tres años antes de un infarto, de ahí a que ella decidiera internarse por esa época en Lark House teniendo su mansión, no quería estar sola...
¿Entonces quién enviaba las gardenias, las cartas y con quién se encontraba Alma en aquel motel?
Ella misma, era ella quien se enviaba las flores que él antes le envió, ella se reenviaba las cartas que antaño él escribió, ella se encontraba con sí misma en aquel motel, pues con la edad las historias del pasado cobran vida y se nos pegan de la piel. Alma e Ichimei siempre pensaron que la muerte no es un impedimento insalvable para la comunicación entre quienes se aman de verdad. La muerte fue esa visita que Alma entusiasta esperó sin temor, sin preocupación, fue quien la llevó de nuevo con su amante japonés, y por eso mientras la aguardó durante aquellos tres años que llevaba Ichimei muerto, cada noche se despidió con un: Buenas noches, muerte.

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