Segunda encarnación

La presente reseña aborda una fascinante novela de horror y ficción escrita por el célebre autor escoces Robert Louis Stevenson. El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886), la historia se desarolla en Londres, el autor no da el año exacto en que se despliegan los acontecimientos de esta.
Allí en Londres viven los primos Enfield y Utterson, quienes más que parientes son amigos. Tras un habitual paseo en la noche por la ciudad, toparon sin querer pero a la vez siendo víctimas de la impertinencia (sobre todo Utterson) con una pequeña y tosca puerta de una vivienda chabacana y fría de una calle poco concurrida.
Los dos amigos se preguntaron sobre aquella extraña vivienda y, principalmente por el hecho de nunca haber visto a alguien entrar o salir por esta. Aunque Enfield decidió terminar con el suspenso y le reveló a Utterson un extraño episodio con aquella puerta.
Enfield había evidenciado hacía pocos días, en la madrugada, a un hombre de extraña apariencia que tropezaba con una pequeña niña sin el menor reparo ante el hecho. El hombre literalmente le pasó por encima y le causó algunas heridas, siguiendo hacia su casa, esa extraña vivienda que justo tenían en frente.
Ante el accidente y la actitud del hombre, la ciudadanía además de la familia de la pequeña, quisieron hacer justicia con sus propias manos, pero cuando procedían a ir por el extraño personaje, este se presentó con un cheque a nombre del afamado y querido doctor Jekyll, quien correría con los gastos. Los ciudadanos estaban desconcertados, no tanto porque el doctor se haría cargo del resarcimiento del accidente causado por el extraño personaje, sino por la apariencia de él, además del sentimiento que esta despertaba en los residentes.
El individuo producía desprecio, tenía una rara apariencia difícil de describir, pues parecía que tuviese alguna malformación que no se percibía, pero lo que sí lo hacía, lo que sí se distinguía, era el aborrecimiento hacia él, hacía el Sr. Hyde -como después se dieron cuenta Utterson y Enfield que se llamaba-.
El Sr. Hyde, el protegido del estimado Dr. Jekyll, el enigmático Hyde a quien raras veces se veía, puesto que sólo salía en las noches; el repulsivo Hyde a quien el Dr. Jekyll dejaba como único heredero de un millón de libras en caso de morir o desaparecer. El testamento del Dr. Jekyll llegó a manos de Utterson, el notario, quien después de leerlo sintió cómo despertaba en su interior una curiosidad colosal. Si el notario antes estaba interesado en saber quién era ese tal Hyde, ahora el interés por conocer las facciones y la relación que poseía con Jekyll era fuerte e irresisitible.
Este interés lo llevó a situarse en la noche cerca de la extraña puerta -por donde raras veces se le veía entrar o salir- para poder abordarlo, y así lo hizo, se acercó cuando este misterioso hombre se disponía a entrar a su refugio luego de una noche de juerga.
Utterson después de haber visto a Hyde, coincidió con la opinión de su amigo acerca de lo aborrecido de su aspecto, de la apariencia para nada benévola que ostentaba. El rostro de Hyde simplemente provocaba náusea y disgusto por la vida. Utterson decidió ponerle fin a sus divagaciones y prefirió hablar con su querido amigo y compañero de universidad Henry Jekyll sobre las extrañas cláusulas del testamento.
Jekyll valiéndose de su malicia, inteligencia y bondad, desviaba toda pregunta sobre el tema y únicamente se refirió al hecho de que Hyde era su fiel amigo y las cosas se deberían hacer tal y como lo escribió en el testamento. A regañadientes Utterson lo aceptó, pero no dejó de pensar que el Dr. Jekyll estaba siendo presionado por el desagradable Hyde. Y así era...
Bueno, la historia se va complicando cada vez más, el autor realiza una trama fantástica, dramática y envolvente, lo cual permite que el lector se encuentre sumido en ella y suponga lo que está sucediendo en la vida de estos dos misteriosos personajes, y, claro, en la de Utterson (además de poder sentir estima y semejarse con el último).
Suposiciones que se empiezan a gestar ante el hecho de que el Dr. Jekyll se encuentra la mayor parte del tiempo recluido en su laboratorio, en el cual se ve constantemente entrar y salir al Sr. Hyde (según le contó Poole el mayordomo del doctor a Utterson).
En este punto del relato empiezan a suceder extraños eventos en la ciudad que se desencadenan después del macabro asesinato a las once de la noche, del afamado y respetable Sir. Danvers Carew, quien se dirigía hacia su casa y en una estrecha calle se encontró con otro personaje, el Sr. Hyde, a quien el primero saludó cortesmente -testimonio brindado por una testigo del homicidio desde su ventana- pero el segundo parecía estar sufriendo de un acceso de cólera, dando patadas al suelo, blandiendo su pesado bastón y comportándose como un loco, tiró al suelo a Carew de un bastonazo, después saltó sobre él pisoteándolo y descargando encima una lluvia de golpes, bajo los cuales se oían cómo se rompian los huesos y el cuerpo resollaba en las calles.
Pues inmediatamente se emitió una orden de captura contra el Sr. Hyde, pero de él no hubo rastro, y su protector, el Dr. Jekyll no sabía de su paradero, estaba destrozado, decepcionado, engañado, culpable, frustrado, desgraciado, era como si él mismo hubiese cometido el crimen...
Jekyll le afirmaba a su amigo, Utterson, que traía sobre sí un castigo y un peligro el cual no podía contarle y que así como era el peor de los pecadores, también pagaba la peor de las penas.
Pues bien, transcurrieron dos meses de aparente tranquilidad, Hyde se encontraba fugitivo y se ofrecía una recompensa de miles de libras por él. El Dr. Jekyll había regresado a la “normalidad”, es decir, a ser un hombre jocoso, de sociedad, dispuesto a abrir las puertas de su hogar a sus viejos y estimados amigos, entre ellos se encontraba (no por mucho tiempo) el Dr. Hastle Lanyon.
Lanyon y Jekyll estudiaron juntos en la universidad y desde eso eran muy buenos amigos, hasta el día en que Jekyll le reveló su secreto, como conclusión de dicha confesión se terminó la amistad y llegaron al punto de aborrecerse.
Utterson como para variar, intrigado, cautivo de la curiosidad, sobre el porqué de la ruptura de esta amistad, decidió preguntarles, pero la respuesta de cada uno fue una carta, que debían ser abiertas en el caso de Lanyon, cuando muriera y en el caso de Jekyll, después de su muerte o desaparición.
¡Desaparición!, esta expresión intranquilizaba a Utterson, era la segunda vez que Jekyll la usaba, ¿a qué se refería con ello?. La respuesta llegaría esa noche...
Hacía varios días que el Dr. Jekyll se mostraba extraño luego de haber terminado su amistad con Lanyon. Después de dos meses de recibir a sus viejos amigos con afectuosidad, ahora, no le placía ni recibir las insistentes visitas de su amigo el notario.
Mientras tanto Poole, el mayordomo del doctor, esa noche llegó a la casa del notario y le afirmó seriamente: ¡Pienso que se ha cometido un crimen!. Poole denunció que al doctor hacía ocho días lo habían matado, pues él, lo conocía perfectamente ya que llevaba veinte años trabajando como su mayordomo, y la persona que daba ordenes desesperadas de encontrar una medicina encerrada en su laboratorio, no era él. Esa no era su voz, se asimilaba, pero no lo era.
El rumor de pasos desesperados que iban de un lado a otro durante la noche, no eran los pasos seguros y firmes del doctor. La caligrafía virulenta escrita en el papel donde se le solocitiba al boticario la medicina que necesitaba, es cierto que se asemejaba a la de Jekyll, pero no era.
El mayordomo y el notario procedieron a tocar la puerta del laboratorio, la voz decía que se encontraba bien, era una voz diferente, pero con algo del doctor. Procedieron a tirar la puerta, pero fue demasiado tarde tanto para salvar como para castigar.
Utterson se dispuso a leer la carta que el Dr. Jekyll le había dejado sobre su escritorio, y en ella confesó su pecado, aquel que lo atormentó durante tanto tiempo y ahora lo había llevado a su muerte. Junto a ella dejó un nuevo testamento, en el cual Gabriel Jhon Utterson era el nuevo beneficiario de su fortuna.
Aunque lo más probable es que en este punto de la reseña el lector ya haya inferido cuál fue el pecado del doctor Jekyll, lo contaré, para disipar dudas.
Stevenson en esta obra nos advierte sobre la dualidad del hombre, aquella que significa que el ser no sea verazmente uno, sino verazmente dos. Stevenson afirma la doble existencia de identidades que se disputan un cuerpo y que luchan por subsistir, es una conciencia de la guerra interna que el hombre enfrenta cada día consigo mismo, es un enfrentamiento entre lo mejor y lo peor del ser humano y, la victoria depende del dominio que cada individuo tenga de aquella duplicidad.
El Dr. Jekyll como todo ser humano fue un fiel portador de características buenas y malas, pero, y esto según él, estas particularidades eran más marcadas en él que en cualquier otra persona, de allí surge su necesidad de querer separarlas. Jekyll quería disociar esas dos zonas que dividen y componen la doble naturaleza del hombre, siendo esta (el bien y el mal) el origen de la religión y la mayor fuente de infelicidad.
¡Lo logró!, tras estudios de prueba y someterse a sí mismo como sujeto de experimentación, Jekyll lo hizo, su parte malvada a la que llamó Richard Hyde, era un prodigio que sacudiría la incredulidad del mismo Satanás. Mientras de día el doctor trabajaba por el progreso de la ciencia y el bien del prójimo, en la noche se abandonaba a placeres vergonzosos.
El Dr. Jekyll se sentía feliz en un principio puesto que Hyde era joven, y lo hacía sentir vivaz. Hyde padecía de una vivacidad muscular con una evidente deficiencia de constitución, de ahí a que su aspecto fuese de una deformidad inexplicable. El hecho de que el Dr. Jekyll se sintiera pleno físicamente cuando refulgía Hyde, trajo consigo consecuencias negativas puesto que este no se quería marchar, aparecía en cualquier momento y no se ausentaba con la poción que en un principio lo hacía.
Hyde estaba apegado a la vida, pero su existencia lindaba con la monstruosidad.
El doctor se acostaba como Jekyll y despertaba como Hyde, y el último luchaba por usurpar las funciones de la vida del primero y tenía como fin: despojarlo de la vida misma. Hyde lo hacía porque odiaba a Jekyll, lo despreciaba porque lo sometía a un suicidio temporal, a un estado subordinado de parte.
Y esta fue la única alternativa del Dr. Jekyll, para darle fin a su sufrimiento, el suicidio, más no temporal, el definitivo, que llevó a cabo en su laboratorio, en el último refugio de su segunda encarnación.


RECOMENDACIONES:
Dr. Jekyll and Mr. Hyde (1920), del director: John S. Robertson.
Dr. Jekyll and Mr. Hyde (1931), del director: Rouben Mamoulian.
Le Testament du docteur Cordelier (1959), del director: Jean Renoir.
Canción Dr. Jekyll & Mr. Hyde de la banda de rock británica The Who.
Canción Dr. Jekyll de la banda de post-punk española Kante Pinrélico.


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