Ser sabio que enseñaste a sentir el amar a un animal.

Inmortalizaste tu llorar sonoro, tu pelaje color poniente, tu cola esplendorosa similar a la del ave real y esos ojos verdes claros que hacen sentir vacío a cualquier mortal.

Merodeabas en busca de una víctima para atacar, sea ave, roedor o algún amigo
similar. Te perdías en el alba, regresabas al amanecer.

Olisqueabas y buscabas un lugar digno para tu cuerpo poner, recuperando alientos para el siguiente tropel.

Nunca habrá ser como tú, con tu particular forma de ser: alegre, salvaje, arisco, mimado, aventurero y soñador; dignas actitudes de un gato ricachón.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Trece escalones

El lenguaje secreto

Segunda doncella