UN CANTO PARA JULIA


Recuerdo estar nerviosa por algo significativo y es que ese día le iba a cantar a los abuelitos. Era 25 de agosto Día de los abuelos en Colombia, y en la escuela se iba a realizar un homenaje. Yo me había ofrecido para entonar una canción llamada Mi viejo del cantante argentino Piero. Aunque era pequeña y como se dice en Colombia “avispada”, tenía nervios, estaba ansiosa (tanto que aún recuerdo ese sentimiento) porque iba a estar mi abuelita Julia. Ella se sitúo en los primeros puestos y esperó atenta a que yo subiera al pequeño escenario escolar.

Cuando empecé sentí que los nervios se iban, pues, imaginé que estaba cantando solo para Julia, las demás personas desaparecieron para mí. Y aunque ella me había escuchado repetidas veces en la casa mientras practicaba, no pudo evitar que le asomara una diáfana lagrima sobre su mejilla. Después, todo fue alegría de parte de los espectadores, aplausos (para mi) y felicitaciones para ella. Yo me sentí satisfecha por haberle dado un concierto “personal” a ese ser que siempre llevo en mi corazón. Con la muerte de Julia también desapareció la niña avispada, la de los escenarios. Pero queda en el recuerdo el rostro amado en medio de la muchedumbre disfrutando su concierto personal.

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