HASTA PRONTO AMIGO
Hace
unos meses escribí sobre lo difícil que es ver a nuestro animal de compañía
envejecer, pues es una proximidad a la ineludible muerte. Ese día llegó y mi Amigo
se fue, entonces, me toca demostrar “finura” y aplicar todo lo que dije en
aquél escrito sobre el hecho de que al recordarlos los hacemos infinitos, por
eso, escribo sobre él y sobre este vacío que dejó el pasado 22 de enero.
¿Por
dónde empezar? Por decir que nadie está preparado para la muerte, por mucho que
aquella se deje entrever, pensamos que va a ser condescendiente y nos va a
regalar un tiempito más. Aunque, viendo a mi Amigo comprendí que hay algo peor
que la misma muerte y es el sufrimiento. Nadie merece pasar sus últimos
instantes sufriendo por una decisión (dolorosa) que está en nuestras manos, los
animales merecen dignidad tanto en la vida como en la muerte.
¿Y
el duelo? es durísimo, llegar a la casa prevenidos porque nos vamos a
desmoronar al comprobar que es verdad, que no están aquellos ojos alegres, las
uñas que rozaban el piso y parecían taconeando, la cola meneándose al son de
ladridos portentosos que acosaban por una galleta y una salida mientras
señalaba con sus ojos la correa. En los últimos días continúo dando lo mejor de
sí para demostrar su alegría al vernos.
“Recordar
es vivir” dice una frase, en este momento recordar duele, pero, como sabemos el
dolor es parte de la vida. El 23 de diciembre cumplió 13 años bien vividos;
sabíamos que era su último cumpleaños y la pasó muy bien, no fue tan efusivo
como en festejos pasados, pero fue feliz. El amor no se mide en tiempo sino en
la trascendencia que el ser al que se le brindó tuvo en nuestras vidas, que su
existencia no sea en vano y que aquella nos sirva para aprender algo nuevo,
para ser mejores personas; estoy segura que ellos como los seres nobles que eran
querrían eso.
Y
bueno, sigo demostrando mi finura y por eso repito una y otra vez las canciones
que escuchábamos juntos, especialmente Fly me to the moon de Frank Sinatra, y me
recuerdo con nostalgia barriendo y cantándosela a unos ojos grandes que cuando
tenían contacto visual con los míos, se intimidaban y trataban de disimular
mirando para otro lado (pues sabía que le esperaba una lluvia de besos, abrazos
y palabras tiernas). Ya no quiero barrer porque sé que sus pelos dejarán de
aparecer, no hemos guardo sus cositas, ya habrá tiempo para eso…
Lo
recordaré como un gigante libre corriendo torpemente en sus lugares favoritos
(gigante porque era un bóxer blanco con café de gran tamaño); disfrutaba
sumergir las patas en el río, era brusco y torpe con aquellas personas que
quería; comía con energía, dejaba babas por doquier (especialmente en la ropa
de la gente) y cuando tomaba agua, esta se iba para todo lado excepto su boca.
Su tamaño era igual a su nobleza, gigantesca.
“No
es un adiós, es un hasta luego”, es otra frase popular y sí, quiero pensar eso,
quiero creer que sí existe un lugar donde van nuestros animales de compañía y
que allí se encuentran con sus amigos y tal vez nuestros parientes. “Reubicar
es entender que ahora tendrá otro lugar, un lugar más etéreo y menos físico;
que tendremos que buscar nuevas formas de amar; que tenemos que honrar ese amor
para que el dolor no gane la partida. Solo hasta que volvamos a vernos”.
La
frase anterior es de un libro que iba a regalar, no imaginé que terminaría
leyéndolo primero. Resignifiquemos el dolor, seamos mejores. Que su vida deje
un cambio positivo en la nuestra. Y aquellos que tienen sus animales de
compañía, aprovéchenlos, mímenlos, paséenlos, salgan mucho con ellos, denles
sus comidas favoritas, jueguen y sobre todo llévenlos a chequeos veterinarios,
para que después no queden remordimientos.
Estos
días me he dado golpes de pecho diciendóme: por qué no lo lleve más al río, y
si ese día en vez de montar bici me hubiera ido con él a caminar, por qué no le
compré más tortas de las que le gustaban, por qué lo regañé. Debo decir que en
los 13 años de su vida solo hizo dos “daños” comerse una media y un billete de
diez mil.
Pero,
hay algo de lo que no hay remordimiento y es en cuanto a lo médico; le hicimos
todo hasta el final (sobraron medicinas, terapias y la silla de ruedas quedó
sin estrenar). Y en su último respiro estuvimos con él. Por eso, aprovechemos
cada instante con esos maravillosos seres porque después cada segundo lo vamos
a añorar. Hasta pronto, mi querido y gran Amigo. Gracias por todo.
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